Cataluña: Milagros de Navidad

Cuando, este año, el joven director catalán Albert Serra presentó su nueva película El Cant dels Ocells – en realidad, el título de una famosa canción navideña catalana -, un crítico encantado la consideró “el último film religioso de nuestros tiempos”. Entonces, el dotado, pero hasta hace poco totalmente desconocido Serra (www.andergraun.com), ya había tenido un gran éxito internacional con su primera película, que confiaba plenamente en la fuerza de expresión de arraigados actores catalanes y la magia del paisaje del Empordà y de los Pirineos. Pocos habían creido el artista excéntrico capaz de realizar tal proyecto, pero la confianza en sí mismo resultó más fuerte que los escépticos habían imaginado.
¿A quién sorprenderá, pues, que su nuevo film aborde la historia de los Reyes Magos? En Cataluña, todavía existen los milagros navideños.
Otro milagro tiene lugar cada año de nuevo en el pueblo de Bàscara, entre Figueres y Girona. A finales de diciembre, los habitantes se ponen trajes bíblicos, desfilan soldados romanos, artesanos sacan sus herramientas antiquísimas, gallinas y patos acompañan las animadas actividades en las callejas con su cacareo. En una caverna a la orilla del río Fluvià, se prepara un establo provisorio, en el cual vivirán buey y asno junto a una familia que dará luz a un hijo divino. La gente de Bàscara llama su obra un “pesebre vivente”, el cual, cada año, atrae miles de visitantes.
Hace más que 30 años que un joven tuvo, por primera vez, la idea de convertir el núcleo antiguo y el paisaje romántico alrededor del Fluvià en el escenario para una representación de la historia más grande de la humanidad. La larga tradición de pesebres de casa era su principal fuente de inspiración. Con pocos medios pero mucha fantasía y la ayuda de un grupo de amigos, se inició el proyecto. Ningún adulto no se comprometía, y el único que esta pandilla de jóvenes recibía eran negativas: de los padres, de los curas, de los vecinos e, incluso, de la climatología. Pero el empujón de la juventud lo puede todo y da alas por solucionar todos los problemas – Bàscara, por primera vez, se convirtió en un pesebre vivente.
Se cuenta que las madres y las abuelas lloraban de emoción tras ver la primera escenificación del pesebre. Los padres asistían a la segunda representación y estaban contentos. Ya en el año después, las generaciones se reconciliaron y todos trabajaron juntos en la siguiente edición del pesebre. Esta vez, incluso asistía el obispo de Girona.
A partir de aquí, muchas han sido las recompensas y muchos, también, los problemas, pero cada vez más gente ha contribuido a dar soluciones. De manera silenciosa, aquella piedra lanzada desde arriba de la montaña ha ido arrastrando todo el que encontraba en su camino, convirtiéndose en una onda de energía y creatividad. Una propuesta sencilla ha creado un sentido de unidad y una identidad para todo un pueblo. El pesebre ha llegado a ser un dinamizador de las actividades culturales, comprendiendo excursiones, premios literarios, fiestas de hermandad, conciertos y homenajes. Más aún, el Pessebre Vivent de Bàscara ha sido la chispa que ha hecho surgir representaciones similares en otras regiones, incluso, un pesebre vivente cerca de Madrid. Hoy día, muchos niños catalanes ya no pueden imaginar unas Navidades sin “pessebre”.

Si quiere visitar el Pessebre Vivent de Bàscara, siga la carretera de Figueres a Girona, de esta manera llegará directamente a Bàscara. Representaciones tienen lugar, siempre a las 19 horas, los días 21, 25, 26, 27 y 28 de diciembre y 1, 3, 4 y 6 de enero.