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La hermosura de la belleza inútil
Dice Garcia Lorca en su Romancero Gitano a propósito de la casada infiel:
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con este brillo.
El pretexto inmediato que André Liebscher utiliza en su nuevo trabajo, apodado de manera genérica “Mediterráneo”, es el fondo marino, del que explora obsesivamente formas como la del caracol o la concha, la estrella o el caballito de mar. Formas todas ellas que son válidas por si mismas al margen de su funcionalidad. ¿ Dónde hemos de poner estas formas si no es simplemente entre aquellas que conocemos como bellas, que lo son porqué, como querría la estética clásica, expresan simultáneamente verdad, bondad ( que significa adecuación tanto formal como moral), y belleza, determinando su suma o conjunto la perfección?
Igual que las caracolas que atraen su mirada, el autor crea en sus cuadros nuevos modelos de visualización que transforman o transmutan los contenidos ya establecidos y los adecua a nuevos modelos de percepción.
Pedro Salinas rinde este homenaje a la belleza ¿inútil? de la concha:
Pero su hermosura inútil
nunca servirá. La cogen,
la miran, la tiran ya.
Desnuda, sola, bellísima,
…su perfección sin amante
en la arena perpetua.
En su largo viaje por el Mediterráneo, el pintor se ha enamorado de estas formas, hechas para transitar, convirtiéndose en su amante.
¿No sería éste el secreto indescifrable del arte?
Joan C. Roca San
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