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bemerke ich im Augenwin-
kel, wie sich etwas grell
Grünes zurück ins Gras schleicht.
Noch eine Schlange? Aber in
dieser Farbe? Ich bleibe still ste-
hen, warte, rühre mich nicht. Eine
Mücke nutzt die Gelegenheit
zu stechen. „Wie gut, dass es
keine Anopheles Mücke, Über-
trägerin der Malaria, mehr sein
kann“, denke ich. Im 19. Jahrhun-
dert gab es sie hier noch. Heute
sind die Reisfelder zum Glück frei
von solchen oder anderen Krank-
heitsüberträgern.
Wieder einmal wird meine Ge-
duld belohnt: eine wunderschöne
Smaragdeidechse wagt sich aus
ihrer Deckung. Gut, dass mich nie-
mand sieht, denn mir klappt we-
gen ihrer Schönheit der Kiefer run-
ter. Leider genügt das jedoch, sie
zur Flucht zu bewegen. Ich setze
mich, warte. Warte. Warte. Ge-
rade will ich aufstehen und weiter-
gehen, da kommt sie wieder, aus
einem Baumstumpf gekrochen.
Unzählige Schüsse prasseln auf
sie nieder. Meine Kamera läuft
heiß. Die Eidechse posiert schein-
bar gern für mich.
voladores, especialmente
abejas y avispas. Cuando
un abejaruco ha pinzado un in-
secto grande con su pico largo y
algo curvo lo lleva a su posadero
y allí lo golpea hasta que está
completamente muerto – algo que
a veces incluso se puede oír. En la
época de apareamiento los ma-
chos continuamente alimentan las
hembras con abejas hasta que és-
tas estén dispuestas a aparearse.
También hay otra ave hermosa
que visita estas tierras en su vuel-
ta de África, la carraca europea,
pero hoy no quiere aparecer nin-
guna ante mi cámara.
Todavía estoy admirando el abe-
jaruco cuando me doy cuen-
Maren Wulf
Schriftstellerin und Naturfotografin
■
Studium Amerikanische &
Englische Literatur sowie
Biologie in Kiel und Berlin
■
Ausbildung zur Fotografin
in Cape Town
■
Ausstellungen von Naturfotos
in Berlin u.a. deutschen Städten
■
Bisher vier Romane veröffentlicht,
alle im Süden Afrikas spielend:
«Der hölzerne Leopard»,
«Der Schmerzfresser, Eine Liebe
in Kapstadt»,
«Im Auge der Löwin»,
«Spuren des alten Pavians»
Zu beziehen unter:
www.Amazon.de oder direkt über
das Impressum der
Website
www.maren-wulf.de
Smaragdeidechse
Als ich bei Can Guso wieder ins
Auto steige, singt mir auf dünnen
Halmen sitzend eine Grauammer
ihr Abendlied. Wenn das kein ge-
lungener Ausflug war!
ta como algo de color verde
brillante se esconde entre la hier-
ba. ¿Otra culebra? ¿Con este co-
lor? Me quedo quieto, esperan-
do. Un mosquito aprovecha para
picarme. Menos mal que no es un
mosquito del género anopheles,
causante de la malaria. En el siglo
XIX todavía los había aquí. Afor-
tunadamente, hoy los campos de
arroz ya no albergan transmisores
de enfermedades.
Una vez más, mi paciencia se ve
recompensada: un lagarto verde
sale de su escondite. Su belleza
me deja boquiabierta. Pero inclu-
so el movimiento de mi boca es
suficiente para hacerlo huír otra
vez. Me siento, esperando. Espe-
rando. Esperando. Justo cuando
quiero levantarme para seguir con
mi paseo, el lagarto aparece en
un tocón. Tomo un montón de fo-
tos y ahora el lagarto parece dis-
frutar posar para mí.
Cuando llego a Can Guso,
donde he aparcado el coche, un
triguero me canta una canción de
despedida. ¡Qué excursión más
bonita!